2009-10-02

Semana de la Vida Animal - Segunda Semana de Noviembre

La Semana de la Vida Animal nos invita a reflexionar sobre el rol de la sociedad respecto a los animales. El 4 de octubre también se celebra el Día Mundial de los Animales y es un motivo más para sensibilizar a las personas y propiciar una convivencia armónica con la naturaleza.

Un hombre que entregó su vida en defensa de los animales fue San Francisco de Asís. Él nos enseñó a amarlos y dijo que son seres que merecen todo nuestro respeto y protección. Por ello, este santo fue declarado patrón de los ecologistas y de los animales por el papa Pablo VI. No fue un ecologista en el sentido moderno pero realizó una sorprendente labor en favor de los animales.

Es un momento propicio para meditar y reafirmar nuestra posición en defensa de los animales. La oportunidad también sirve para realizar un balance sobre el tema y preguntarnos cómo es nuestra convivencia con los animales. El resultado, lamentablemente, es desfavorable para el hombre, pues comete una serie de excesos contra la vida animal.

Pocos conocen la legislación internacional que defiende los derechos de los animales, la que se plasma en la Declaración Universal de los Derechos de los Animales. En el preámbulo de este documento se indica que el hombre ha cometido crímenes contra la naturaleza y los animales y se convierte en el principal agente que destruye la vida animal. Para ello se vale de cualquier medio y pretexto.

La educación nos permite respetar y dar amor a los animales, que forman parte del mundo en que vivimos. El respeto a estos seres esta íntimamente vinculado con el respeto hacia uno mismo. Es decir: el trato que damos a los hombres debe ser el mismo que debemos otorgar a los animales. Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen derechos –a la existencia, atención, cuidados, protección y respeto–; por ello, no se debe permitir su exterminio o explotación.

Los animales tienen el derecho inalienable a vivir libremente en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático. No pueden vivir en cautiverio; menos aún sometidos al maltrato o al descuido. Ellos necesitan una esmerada atención porque mejoran nuestro mundo y nos brindan una serie de recursos que permiten la existencia humana. Sin embargo, en el proceso de aprovechamiento de los recursos, los hombres terminan por depredarlo todo y generan la extinción de algunas especies y la huída de otras, las cuales deben adaptarse a nuevas formas de vida.

La crueldad aplicada contra los animales llega a ser espantosa y dolorosa. Ejemplo bastan y sobra, y podemos verlo con los toros, gallos, osos, delfines, elefantes, lobos de mar y pingüinos. Esa crueldad y violencia nos coloca en una escala inferior.

Cuando el hombre estudia a los animales encuentra sabias enseñanzas. Aspectos de la conducta animal estudiados por Darwin, Oparin, Aristóteles, Charles Dickens o Herbert Spencer ayudaron a entender la organización humana. La forma en que se organizan, su instinto de conservación y los diversos mecanismos de defensa que aplican también han sido aprendidos y utilizados por el hombre.

A pesar de ello, es necesario cuestionarnos sobre una serie de actitudes humanas. ¿Conocemos los derechos de los animales? ¿Los respetamos? ¿Hemos mejorado nuestra relación con respecto a ellos? Varias de estas preguntas quedarían sin respuesta porque, a pesar de que existe una importante cantidad de entidades defensoras de los animales, el daño causado es enorme.

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