2009-10-02

Día Mundial de la Declaración Universal de los Derechos del Niño - 20 de Noviembre

Si bien es cierto que en el Perú el Día del Niño se celebra el tercer domingo de agosto de cada año, a nivel mundial el 20 de noviembre es recordada como la fecha en que los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas firmaron la Convención sobre los Derechos del Niño.

¿A quién se le podría ocurrir que los niños no tienen derechos? Pues, aunque parezca mentira, oficialmente no existía un instrumento que protegiera a los más pequeños de cualquier forma de abuso. Aunque el 20 de noviembre de 1959 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó la Declaración de los Derechos del Niño, exactamente 30 años después los Estados miembros de la ONU firmaron y ratificaron la Convención sobre los Derechos del Niño.

Fue un 20 de de noviembre de 1989, en la casi siempre diplomática y seria sala de reuniones de la ONU. Ese día, el niño que todos llevamos dentro salió a jugar, libre de preocupaciones e indiferente a los problemas que sacuden la vida adulta. Sin embargo, la inocencia y la candidez no pueden borrar el entorno de pobreza y violencia que muchas veces tienen que enfrentar los niños de muchas partes del mundo.

La Convención sobre los Derechos del Niño entró en vigor el 2 de septiembre de 1990 y fue elaborada tomando en cuenta conceptos universales como la libertad, la justicia y la paz, así como el reconocimiento a la dignidad, a la no discriminación y a la igualdad de derechos de todas las personas.

El niño es un ser humano en constante proceso de formación y aprendizaje. Por ello, es necesario que crezca y se desarrolle en un ambiente adecuado, con altas dosis de felicidad, amor y comprensión, en el seno de una familia que le brinde la protección y la asistencia necesarias. De esta manera podrá prepararse para asumir una vida independiente en sociedad cuando le llegue el turno de abandonar los juguetes y pueda ejercer su rol de ciudadano.

Sin embargo, la situación de una gran cantidad de niños en el mundo no puede describirse precisamente como un cuento de hadas. Muchos viven en condiciones difíciles de superar. La pobreza, el hambre, el abuso y la violencia familiar son situaciones comunes en muchos lugares del Perú. En otros países la situación no es más grata, pues la guerra, la intolerancia y la discriminación dificultan las cosas. ¿En qué condiciones crecen estos niños que se convertirán en los hombres del mañana?

La Convención sobre los Derechos del Niño considera como niño a todo ser humano menor de 18 años, a menos que antes haya alcanzado la mayoría de edad. Asimismo, afirma que todos los niños disfrutarán de todos los derechos enunciados, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición. Esta declaración implica tanto al niño como a su familia.

En resumen, los Derechos del Niño son los siguientes:

Derecho a la igualdad sin distinción de raza, credo o nacionalidad.

Derecho a una protección especial para su desarrollo físico, mental y social.

Derecho a un nombre y a una nacionalidad.

Derecho a una alimentación, vivienda y atención médica adecuada para la madre y el niño.

Derecho a una educación y cuidados especiales para el niño física o mentalmente disminuido.

Derecho a comprensión y amor por parte de los padres y de la sociedad.

Derecho a recibir educación gratuita y a disfrutar de los juegos.

Derecho a ser el primero en recibir ayuda en caso de desastre.

Derecho a ser protegido contra el abandono y la explotación en el trabajo.

Derecho a formarse en espíritu de solidaridad, comprensión, amistad y justicia entre los pueblos.

El próximo 14 de diciembre el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) presentará el Estado Mundial de la Infancia 2006. La situación es fácil de imaginar: en un mundo azotado por las diferencias, muchos niños y niñas son excluidos debido a los conflictos armados, la pobreza, las enfermedades, la discriminación y las desigualdades. Sin embargo, la risa de los niños ilumina más que tres soles. En las situaciones más difíciles, la tierna mirada de los pequeños no se tiñe de amarguras ni de odio. En el corazón de ellos no hay lugar para el rencor. No es justo que sigan pagando los platos que otros rompen.

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