2009-10-12

Aniversario de la Batalla de Ayacucho - 09 de Diciembre

La derrota del ejército español en la Batalla de Ayacucho, acontecida el 9 de diciembre de 1824, significó más que una victoria para el heroico ejército independiente. Fue, más bien, el capítulo final para lograr la completa independencia del Perú y el retiro de las tropas realistas de nuestro territorio.

Antecedentes
Antes de regresar al Perú, Simón Bolívar reflexionó sobre el ambiente de anarquía que reinaba en el gobierno, producto de la poca libertad de acción de los presidentes por la intervención constante del Congreso Constituyente, presidido por Francisco Javier de Luna Pizarro.

Bolívar tenía tendencias autoritarias, razón por la cual había planteado que si se le encargaba el gobierno del Perú lo asumiría pero sin permitir obstáculos en su gestión. Hábilmente, envió a Antonio José de Sucre para azuzar la división entre los dos gobiernos peruanos, cada uno de los cuales contaba con sus caudillos y su respectiva facción congresal. En Trujillo estaba José de la Riva Agüero; en Lima, José Bernardo de Torre Tagle.

Simón Bolívar llego al Perú el 1 de septiembre de 1823, invitado por la comisión Sánchez-Olmedo, y con la ayuda de Gutiérrez de la Fuente logró anular a Riva Agüero. Antes de iniciar la campaña en la sierra centro sur, Bolívar asumió el poder teniendo en su entorno a Faustino Sánchez Carrión como secretario de gobierno, a Hipólito Unanue como ministro de Hacienda y al general Antonio José de Sucre como jefe de su Estado Mayor.

Batalla de Ayacucho
Bolívar, al frente de sus tropas, avanzó hacia Huancayo y luego viajó a Huamanga. Tras su retorno a Lima, ordenó a Sucre instalarse entre Abancay y Andahuaylas.

Producida la derrota de la caballería española en Junín, los realistas se retiraron al Cusco, donde reorganizaron sus efectivos militares bajo las órdenes del virrey La Serna. Poco después se movilizaron de regreso hasta detenerse en las proximidades de Huamanga. Sucre también acantonó su ejército cerca de Huamanga, tras breves acciones militares contra el enemigo. Bolívar, mientras tanto, viajó a la costa para cautelar la reserva militar. Fue entonces cuando tuvo lugar el encuentro entre patriotas y realistas en las pampas de Ayacucho, al pie del cerro Condorcunca, a doce kilómetros de la ciudad de Huamanga.

El ejército independiente, comandado por Sucre, contaba con cerca de 5600 hombres, en tanto los realistas sumaban cerca de 9500 soldados y tenían como supremo comandante al virrey La Serna. La línea patriota estuvo dispuesta de la siguiente manera: a la derecha, la división Córdova; al centro, la división Lara; a la izquierda, la división La Mar. La línea realista se organizó de la siguiente forma: frente a La Mar, la división Valdés; frente a Lara, la división Monet; frente a Córdova, la división Villalobos.

Al amanecer del 9 de diciembre de 1824, ambos bandos habían ultimado los preparativos de la batalla. Sucre arengó a sus soldados diciéndoles: “De los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur. Otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia”.

A las diez de la mañana el ejército realista rompió fuegos. Sucre y sus soldados entraron en acción. Al comienzo, el encuentro favoreció a los españoles, pero al grito del general José María Córdova: “¡División! ¡Adelante! ¡Armas a discreción! ¡Paso de vencedores!”, los patriotas iniciaron la ofensiva arrojándose contra el enemigo. El ejército realista comenzó a desorganizarse y a sufrir serios reveses. A la una de la tarde, el triunfo coronó a los patriotas. Las tropas del Rey habían sufrido su más grande derrota. Se dice que la capitulación entre Sucre y el general español José Canterac se concretó en pleno campo de batalla, ya que el virrey La Serna estaba herido y prisionero.

Esta batalla selló la independencia del Perú y de América. Los realistas tuvieron 1400 muertos y 700 heridos; las cifras del ejército independiente ascendieron a 370 muertos y 609 heridos.

Capitulación de Ayacucho
Este documento, firmado el 11 de diciembre de 1824 entre Antonio José de Sucre y José Canterac, estableció lo siguiente:

• El territorio bajo control español fue entregado al ejército único libertador.

• Los militares españoles pudieron regresar con gastos pagados por el Estado Peruano.

• Los españoles que permanecieron en el Perú fueron considerados peruanos, y los militares conservaron sus grados en el ejército libertador.

• Se conservaron los derechos y privilegios de las personas que estuvieron al servicio del régimen colonial.
• Se reconoció una deuda con España.

Estos planteamientos beneficiaron generosamente a España; sin embargo, no se aplicaron todos los puntos. La independencia del Perú se logro por la acción decidida de los montoneros, pero benefició más a la aristocracia criolla, a los criollos de clase media y hasta a los españoles. Incluso, fue desfavorable en algunos aspectos para los esclavos, los indígenas y para el pueblo peruano que luchó con valentía.

El último bastión realista en el Perú fue el Castillo Real Felipe, al mando de José Ramón Rodil, quien se rindió el 8 de enero de 1826 y firmó una capitulación el 22 de ese mismo mes. Tras entregar la plaza, partió rumbo a España.

Con la rendición del ejército realista se puso fin a la guerra de la independencia. Ello significó para el Perú la desocupación total de su territorio por parte de las tropas españolas.

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