2009-10-20

Análisis literario de "El Cantar del Mio Cid"

EL POEMA DEL “MIO CID”
I. PRÓLOGO:
La expresión más antigua de la lengua castellana es la poesía épica y, dentro de ella, el primer documento conservado en su totalidad es el Poema del Mío Cid o el Cantar de Mío Cid, escrito hacia los años 1140.
De autor anónimo, El Poema..., canta las gestas del Cid Campeador-Rodriga Díaz de Vivar paradigma del espíritu caballeresco de la época, símbolo de hidalguía, leal hasta el sacrificio, cristiano por excelencia y por ende, amante de las causas justas.
El nombre de Cid proviene de los soldados musulmanes porque la voz Cid (mío Cid, mi Cid) procede del árabe Sidi que significa señor.
En síntesis, forjado por la tradición y por la leyenda, sin embargo guarda una vivencia histórica que encarna el hombre de la Edad Media, caracterizado por su pundonor, el patriotismo castellano la valentía demostrada en cada uno de los relatos que conforman la más bella exponente de la poesía épica castellana. Una joya literaria valiosísima que Distribuidora Chirre S.A., a través de su colección Saber Humano, pone al alcance de sus lectores (F.G.L.)

II. ARGUMENTO DEL POEMA:
CANTAR PRIMERO: “EL DESTIERRO”
El Rey de Castilla, Alfonso VI, envía al Cid a Andalucía a cobrar las parias o tributos de los reyes moros de Córdoba y Sevilla. Alamutamiz, Rey de Sevilla, luchaba a la sazón contra Almudafar, Rey de Granada, a quien socorría el noble castellano García Ordóñez. El Cid, protegiendo a Almutamiz, vence al Conde García Ordóñez en Cabra y en un arranque de ira le "mesa de las barbas", acto que se consideraba entonces como una ofensa mortal. Cuando el Cid retorna a Castilla, se encuentra con que García Ordóñez y otros nobles le han indispuesto ante el Rey. Este lo destierra y le priva de sus heredades. El Cid seguido de sus fieles vasallos, se dirige a Burgos. Nadie quiere recibirlo. Una niña de nueve años le manifiesta que hay una orden para que no se le dé hospedaje y que a aquél que lo recibiere se le privará de sus bienes Y sus ojos. El, Cid acampa en las afueras y, ayudado por la astucia de Martín Antolínez, cambia dos arcas llenas e arena por el dinero que le dan en préstamo los judíos Raquel y Vida. Se dirige al monasterio de Cardeña y se despide de su esposa doña Jimena Y de sus hijas doña Elvira y doña Sol. En Burgos, más de cien caballeros aumentan el grueso de sus filas y a prisa, porque solamente faltan nueve días para trasponer las fronteras de Castillo, trata de salir del reino. Ya en tierra de moros, el Cid se les enfrenta, derrotándolos en Castrejón y Alcocer primero y en Zaragoza y Barcelona. En esta última cuidad vence a Berenguer y gana la famosa espada Colada. El Cid, que suma triunfo sobre triunfo, envía valiosos presentes al Rey Alfonso, consiguiendo de éste la restitución de los bienes de Minaya y el perdón para sí.

CARTAR SEGUNDO: “LAS BODAS DE LAS HIJAS DEL CID”
El Cid se dirige hacia el Mediterráneo y toma la ciudad de Valencia tras un asedio de nueve meses. Envía nuevamente con Minaya o Alvar Fáñez un presente de cien caballos, aderezados con sillas y frenos, solicitando le otorgue el Rey licencia para reunirse con su esposa Y sus hijas. Poco después vence a Yusuf, Rey de Marruecos, que pretendía recuperar la ciudad de Valencia. En tanto, en la Corte, los Infantes de Carrión, don Diego y don Fernando, parientes del Conde Gorda Ordóñez, devorados por la codicia y mordidos por la víbora de la envidia, traman una afrenta contra el Cid. Siendo su nobleza de mayor linaje a la del propio Cid y, por el solo capricho de verle humillado, solicitan en matrimonio a doña Elvira y doña Sol. El Rey acepta gustoso e insta al Cid a obedecer. Este, receloso y dubitativo, conviene en la petición y se dirige a Valencia, acompañado de todos los suyos, y las bodas se celebran con gran pompa. En señal de amistad cambian de espadas y el Cid obsequia a sus fementidos yernos sus gloriosas espadas, La festividad de las bodas dura alrededor de quince días.

CANTAR TERCERO: "LA AFRENTA DE CORPES"
En Valencia, mientras duerme el Cid sobre un escaño, un león escapa de su red y entra en la sala. Don Diego sale gritando y va a esconderse detrás de una viga. Don Fernando, no teniendo dónde ocultarse, métese bajo el escaño donde duerme el Cid. Este despierta y el león que se dirige hacia él, verlo, abate la cabeza e hinca el hocico en el suelo. Don Rodrigo lo toma por la melena y lo devuelve a su red. Pasmo general entre los presentes. Los Infantes de Carrión, pálidos y temblorosos, aparecen tras afanosa búsqueda. Esto les acarrea dificultades; pues, nobles y vasallos se burlan cruelmente de ellos. En tanto el Cid ha emprendido nuevas correrías y ganado otras batallas. Vence, en duelo individual, al Rey Búcar de Marruecos, y se hace de su espada Tizón.
Los Infantes, no pudiendo resistir las pullas de quienes les rodean, deciden abandonar Valencia Y dirigirse a sus tierras de Carrión. Accede el Cid y les da caballos, bienes, tres mil marcos y sus espadas Colada y Tizón. La comitiva entra al robledo de Corpes. Acampan en un claro, junto a una fuente límpida. Al alba del día siguiente, los Infantes envían por delante a los criados y sus acémilas, luego, villanos y cobardes, ultrajan a sus esposas y las abandonan semimuertas. Félez Muñoz, sobrino del Cid, comunica esta afrenta a don Rodrigo. Este pide justicia al Rey Alfonso, quien promete convocar a coro teso Por fin, a pesar de las intrigas y maquinaciones de los de Carrión, se convoca a cortes en la ciudad de Toledo. El Campeador exige la restitución de sus bienes. Los de Carrión se los devuelven sin resistencia. El Cid solicita que los dos cobardes se batan en duelo con dos de sus vasallos. Los Infantes se niegan. Las cortes acuerdan el duelo. Pero Bermúdez hiere a don Fernando y Martín Antolínez, de un golpe de Colada, deshace la armadura de don Diego. Los Infantes, una vez más, manifiestan vergonzosamente su pusilanimidad.
El Cid Y los suyos se dirigen a Valencia. Son recibidos con júbilo. Poco después, los Infantes de Navarra y Aragón solicitan en matrimonio la mano de doña Elvira y doña Sol.

III. MUERTE:
Sobre la fecha de fallecimiento del Cid, la unanimidad ensambla todas las cronologías: año de 1099, en Valencia; y dícese que en el mes de julio.
Con referencia a los últimos momentos de Rodrigo Díaz de Vivar, un cantor del siglo trazó esta bellísima estampa, digno ejemplar de la poesía épica:
"Banderas antiguas, tristes,
de victoria un tiempo amadas,
tremolando están al viento
y lloran, aunque no hablan.
Sonaban las roncas voces
de las destempladas cajas,
y los pífanos, soberbios,
calles y plazas arrancan.
Estaba el Campeador
humilde y manso en la cama,
y sujeto a la inclemencia
de la vengativa Parca.
Hizo traer las reliquias
de las victorias pasadas,
y mandó que le truxesen
sus compaíieras espadas.
Y desque fueron traídas
levantábase en la cama;
tomándolas en sus manos
les dijo aquestas palabras:
"¡Colada y Tizona mías,
no colada, mas calada
por mil contrarios arneses
y por mil contrarias armas!
¿Cómo os hallaréis sin mí?
¿A quién os dejaré en guarda
que no manche vuestro honor,
pues que tan fácil se mancha?"
Y luego, en diciendo aquesto,
mandó que a "Babieca" traigan.
que quiere verle primero
que comience su jornada.
Entró el caballo más manso
que una corderilla mansa:
abriendo los anchos ojos,
como si sintiera, calla.
"Ya me parto, caro amigo;
quien os gobierna, ya falta.
Quisiera pagaros bien,
pero recibid por paga
que con los fechos que he fecho
será inmortal vuestra fama."
Y no diciendo más que eso,
la muerte tira una jara..."

IV. EL CID GANA SU ULTIMA BATALLA DESPUES DE MUERTO
Fuera y dentro de las murallas que defienden a Valencia reina insólita calma. En la ciudad, silencio absoluto. En campo, los centinelas almorávides que tornaron al asedio dormitan perezosamente.
Búcar, el rey moro, ultima sus planes de asalto; la muerte del Cid ha venido a alimentar sus viejas esperanzas de reconquista.
De pronto, el silencio de la noche se ve quebrado por fragor de clarines, tambores y voces que entonan conocidas estrofas del Campeador, mientras las puertas de ciudad abren paso a una fantasmal comitiva.
A la luz de miles de antorchas y seguido de sus mesnadas, el mismísimo don Rodrigo, caballero en su "Babieca", en alto la histórica Tizona, aparece ante los atónitos ojos de la morisma, rígido, imponente, el casco hasta los ojos. Y la voz tronitonante de Alvar Minaya lanza a los vientos el su pavoroso grito de guerra:
"¡Santiago por Castilla y por Rodrigo Díaz de Vivar!
Los almorávides, persuadidos de que el Cid en persona ha vuelto al frente de sus tropas, se dispersan en todas direcciones implorando la protección de Mahoma...
Ni tan siquiera el incauto Búcar dio en pensar que el "jinete" de "Babieca" podía muy bien ser... la brillante armadura de don Rodrigo cuidadosamente izada sobre la caballería.
De este modo, en la fértil y suspirante compañía de Valencia, la fama del Cid Campeador acabada de ganar una nueva batalla, su primera después de muerto...

V. FINAL:
Según reza la leyenda del monumento burgalés, el cadáver del Cid fue trasladado desde Valencia a San Pedro de Cardeña.
Posteriormente, en el verano de 1921, el monarca español don Alfonso XIII dispuso la inhumación de aquellos restos en Burgos, donde se conservan juntamente con los de doña Jimena.


VI. INDICE:
PROLOGO.........................................
Cantar primero:
DESTIERRO DEL CID...............................
Cantar segundo:
BODADE LAS HIJAS DEL CID.......................
Cantar tercero:
LA AFRENTA DE CORPES...........................
LA MUERTE......................................
EL CID GANA SU ULTIMA BATALLA
DESPUES DE MUERTO..............................

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